“No sólo se vive de lucha y de odio. No siempre se muere con las armas en la mano. Existe la historia y existe otra cosa: la simple felicidad... la belleza”. A la desmesura total de esta Europa nuestra, Camus opone el sentido de la mesura que nos ofreció Grecia, “que nada llevó hasta lo extremo, ni lo sagrado, ni la razón, porque nada negó, ni la razón ni lo sagrado”.
En este video (abajo) podemos oír a Camus con su porpia voz leyendo un pasaje, profundo, lleno de sentido y belleza, de su obra El hombre rebelde. Aquí, el contenido de los últimos minutos y con ellos os felicito el AÑO NUEVO, queridos alumnos, alumnas y colegas:
Hay, por lo tanto, para el hombre una acción y un pensamiento posibles al nivel medio que le corresponde. Toda empresa más ambiciosa resulta contradictoria. Lo absoluto no se alcanza, ni sobre todo se crea, a través de la historia. La política no es la religión, o entonces es inquisición. ¿Cómo definiría la sociedad en absoluto? Cada uno busca, quizá, para todos, ese absoluto. Pero la sociedad y la política sólo se encargan de arreglar los asuntos de todos para que cada uno disponga de tiempo y libertad para realizar esa búsqueda común. La historia no puede ser erigida, por lo tanto, en objeto de culto. No es sino una ocasión, que se trata de hacer fecunda mediante una rebelión vigilante. "La obsesión de la cosecha y la indiferencia por la historia -escribe admirablemente René Char- son los dos extremos de mi área". Si el tiempo de la historia no está hecha con el tiempo de la cosecha, la historia no es, en efecto, sino una sombra fugaz y cruel en la que ya no interviene el hombre. Quien se entrega a esta historia no se entrega a nada y, a su vez, no es nada. Pero quien se entrega al tiempo de su vida, a la casa que defiende, a la dignidad de los vivos, se entrega a la tierra, y recibe de ella la cosecha que siembra y alimenta de nuevo. Finalmente, hacen que avance la historia quienes saben rebelarse también contra ella en el momento deseado. Esto supone una tensión interminable y la serenidad crispada de que habla el mismo poeta. Pero la verdadera vida está presente en el centro de este desgarramiento. Es este desgarramiento mismo, el espíritu que se cierne sobre volcanes de luz, la locura de la equidad, la intransigencia extenuante de la mesura. Lo que resuena para nosotros en los confines de esta larga aventura rebelde no son fórmulas de optimismo, que no tenemos sino que fabricar en lo más extremado de nuestra desdicha, sino palabras de coraje y de inteligencia que, cerca del mar, son también virtud.
En este video (abajo) podemos oír a Camus con su porpia voz leyendo un pasaje, profundo, lleno de sentido y belleza, de su obra El hombre rebelde. Aquí, el contenido de los últimos minutos y con ellos os felicito el AÑO NUEVO, queridos alumnos, alumnas y colegas:
Hay, por lo tanto, para el hombre una acción y un pensamiento posibles al nivel medio que le corresponde. Toda empresa más ambiciosa resulta contradictoria. Lo absoluto no se alcanza, ni sobre todo se crea, a través de la historia. La política no es la religión, o entonces es inquisición. ¿Cómo definiría la sociedad en absoluto? Cada uno busca, quizá, para todos, ese absoluto. Pero la sociedad y la política sólo se encargan de arreglar los asuntos de todos para que cada uno disponga de tiempo y libertad para realizar esa búsqueda común. La historia no puede ser erigida, por lo tanto, en objeto de culto. No es sino una ocasión, que se trata de hacer fecunda mediante una rebelión vigilante. "La obsesión de la cosecha y la indiferencia por la historia -escribe admirablemente René Char- son los dos extremos de mi área". Si el tiempo de la historia no está hecha con el tiempo de la cosecha, la historia no es, en efecto, sino una sombra fugaz y cruel en la que ya no interviene el hombre. Quien se entrega a esta historia no se entrega a nada y, a su vez, no es nada. Pero quien se entrega al tiempo de su vida, a la casa que defiende, a la dignidad de los vivos, se entrega a la tierra, y recibe de ella la cosecha que siembra y alimenta de nuevo. Finalmente, hacen que avance la historia quienes saben rebelarse también contra ella en el momento deseado. Esto supone una tensión interminable y la serenidad crispada de que habla el mismo poeta. Pero la verdadera vida está presente en el centro de este desgarramiento. Es este desgarramiento mismo, el espíritu que se cierne sobre volcanes de luz, la locura de la equidad, la intransigencia extenuante de la mesura. Lo que resuena para nosotros en los confines de esta larga aventura rebelde no son fórmulas de optimismo, que no tenemos sino que fabricar en lo más extremado de nuestra desdicha, sino palabras de coraje y de inteligencia que, cerca del mar, son también virtud.
Ninguna sabiduría puede pretender dar más actualmente. La rebelión choca incansablemente contra el mal, a partir del cual sólo le queda tomar un nuevo impulso. El hombre puede dominar en sí mismo todo lo que debe serlo. Debe reparar en la creación todo lo que puede serlo. Después de lo cual los niños seguirán muriendo injustamente, hasta en la sociedad perfecta. En su mayor esfuerzo, el hombre no puede sino proponerse la disminución aritmética del dolor del mundo. Pero la injusticia y el sufrimiento subsistirán y: por mucho que se los limite, no dejarán de escandalizar. El "¿para qué?" de Dimitri Karamázov seguirá resonando; el arte y la rebelión no morirán sino con el último hombre.
Albert Camus: El hombre rebelde, 1951

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